Soy, al leerte, torbellino de medianoche.
Soy el nudo que se desata.
Soy puente, color y té.
Soy semilla inquieta, enrredada.
Soy toda mezcla, eterna.
Sin embargo, me deshago también al recoger tu nombre.
Soy, al leerte, aire que entrecruzas al paso.
Soy arruga, mancha, el envoltorio,
la huella en la esquina,
borrándome de tanto en tanto
siendo solo aire,
zumbido.
Soy, al leerte, la sombra que invita al margen,
al escape,
fuga a punto, límite que tiembla.
Soy puerta a dejar ser, a dejarte ser en mi,
a andar a tientas, respirando el silencio,
entrecortado.
Así brilla tu desenfreno,
palpita tu boca anudada
y recuerdo,
recuerdo el soplo de tu desmesura,
tan antiguos, tan antiguos y bellos nosotros
batiendo las ganas contra el pecho, moviendo los pies, dirigiendo la flecha
ahí,
hambrientos de amor al infinito,
conjungándonos a destiempo en un tiempo otro.
Quisiera que fueras como yo soy al leerte,
para que sientas esta muerte bella, el beso
sobre tu frente
y observaras tu ser en un reflejo
fugaz
solo para abrir ese umbral
como tu sueño escalera
como nuestro encuentro de lluvia,
tu abrazo.
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