lunes, 1 de mayo de 2006

Lectura "Temblor I" 14 de Junio 2005 PUCV



Espero poder leer nuevamente en esta sala que me encantó y con las mismas -o quién sabe si más- personas que asistieron al acto. Lo fascinante de hacer estas cosas con público, no es el mostrar el trabajo que llevas haciendo hace cierto tiempo como muchos creen, no es acrecentar las ventas de los libros en el comercio -si hay publicaciones de por medio obviamente (en mi caso afortunadamente no los hay)- o pensar que alguien llegará al lado tuyo después de la lectura y te dirá : "felicitaciones" o "vaya qué talento" y tu orgullo ascienda a los confines inimaginados de la felicidad propia. Nada de eso. En mi caso, lo más fascinante de ésta y otras lecturas que he realizado es el temblor que se produce tanto en la sala como en mí al leer poesía. Una atmósfera propia de la palabra acapara por unos instantes el aire del lugar y en ese momento cobra más importancia la palabra dicha que la escrita y luego un silencio y luego la escrita que la dicha y luego un silencio más. Es este juego entre estar y no estar, la relación de las personas que escuchan en la sala y lo que digo, lo que me continúa el trazo, la escritura. Una vez que te das cuenta de ésto, poco importa si te conozcan, si te lean o no, si entres en el mundo intelectual o literario que muchos admiran o hacen lo imposible por alcanzar, pues lo fundamental, a mi parecer, radica en que aún la poesía te deja temblando en silencio, entre palabra-silencio-palabra como si en el aire de esa sala 5to Centenario, como nos pasó ese día 14, cupieramos todos como un sólo universo respirando en la misma nota musical o como dice Cézanne, callar todas las voces en un eco perfecto.

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