
aquí un poema para quienes sueñan con la otredad.
Encrucijada
Entre la nada y el todo
rotamos como signos dispersos
Del silencio de ti, de mí
germinan estos destellos trenzados a mis manos
perforadas con cada temblor tuyo.
Cesa el cataclismo rumiante de la contradicción
apuntando un lugar semejante
a ti, a mí
pretéritos de un propósito inimaginable
en tiempos de esferas
que en cuyas curvas van encabezando marchas
o quizás relojes idénticos que salen al paso.
Y de pronto,
encrucijados tras el telón del absurdo,
en la intersección de una servilleta y un vaso de agua,
se asoma
la posibilidad al acto,
al hacer y no,
en un vasoagua
un poco de conjugación
un poco la metamorfosis
Y de pronto,
encrucijados tras el telón del absurdo,
ir y venir esquivando el perfume de masas,
ocurre el templo y el tañe de nosotros supuestos
-simulando-
hambrientos de amor tenaz al infinito
pensados de reojo, montados sobre caballito de madera y
carrusel que nos arrastra de vuelta
y de nuevo al Re
conocer (nos) que el canto se escabulle
en tu espada de antaño,
en mi frente tuyo sobre una escalera.
Entre la nada y el todo
pasa tu desmesura como un rayo alargando los brazos del bosque
que llama mi retina rozar
el reflejo o un rescate
sobre ti, sobre mí
la fusión orbitándonos espesa
allí agua
allí unos veintitrés gramos de fuego
y unos cuantos de remordimiento.
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