miércoles, 3 de noviembre de 2010

a A. I.

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Y así vamos ahogándonos

como dos semillas

en tardes con los ciegos o junto a las piedras

nosotros

en un tiempo nos reímos en la cumbre del verso,

chocábamos las tazas de café a mediodía y

a veces nos olvidábamos en una esquina cualquiera

para espejearnos el saludo.

Eso bastaba para murmurar el vuelo

y el deseo de partir a otra orilla

aquí tal vez esté la salida

-me decías hablando de otra cosa, de libros que nunca importaron demasiado-

y hoy

apenas

sin poder abrir los ojos

aún

te escribo los encuentros

aún la luz por debajo de la puerta

desliza tu nombre

por debajo de la puerta.

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