a A. I.
.
Y así vamos ahogándonos
como dos semillas
en tardes con los ciegos o junto a las piedras
nosotros
en un tiempo nos reímos en la cumbre del verso,
chocábamos las tazas de café a mediodía y
a veces nos olvidábamos en una esquina cualquiera
para espejearnos el saludo.
Eso bastaba para murmurar el vuelo
y el deseo de partir a otra orilla
aquí tal vez esté la salida
-me decías hablando de otra cosa, de libros que nunca importaron demasiado-
y hoy
apenas
sin poder abrir los ojos
aún
te escribo los encuentros
aún la luz por debajo de la puerta
desliza tu nombre
por debajo de la puerta.
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