Te
Confucio y el siglo a la vista.
Tanquila -me dices-, desde esa esperada ventana
nos trenzamos los mismos colores en las manos.
En un solo ritmo -pienso- nos perdimos de tanto soñarnos,
y hoy sin reloj es mejor- repetimos al unísono -,
como dos rimas felices en el acorde,
tu sonrisa de tratamiento
junto a un baile de agua y galletas desprendidas del árbol naranja
que dibujamos cuando niños
creyendo que eramos dos hebras de sol
abrazadas al mismo día otoñal
arenal
tú todo arenal
¡ah!
y el viento!
viento,
inmenso,
tú,
etéreo,
tú evaporas al tiempo
desde nuestro bosque al mar.
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