miércoles, 2 de junio de 2010

Te



Confucio y el siglo a la vista.


Tanquila -me dices-, desde esa esperada ventana

nos trenzamos los mismos colores en las manos.


En un solo ritmo -pienso- nos perdimos de tanto soñarnos,


y hoy sin reloj es mejor- repetimos al unísono -,

como dos rimas felices en el acorde,

tu sonrisa de tratamiento

junto a un baile de agua y galletas desprendidas del árbol naranja

que dibujamos cuando niños

creyendo que eramos dos hebras de sol

abrazadas al mismo día otoñal

arenal

tú todo arenal

¡ah!

y el viento!

viento,

inmenso,


tú,

etéreo,


tú evaporas al tiempo

desde nuestro bosque al mar.







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