La Poesía es Fiesta
Me digo: es necesario obedecer al acto poético con y a pesar del mundo para desencadenar la Fiesta. Y la Fiesta es el juego, supremo rigor de mi libertad. Tal es la misión del poeta porque el mundo debe ser siempre reapasionado.[1] Un día, he visto al poeta mezclado al mundo, fuera de su sepultura, horriblemente libre entre las gentes. Descubridor de realidad entre los órdenes convenidos, instrumento de su acto que hace su canto. Canto en el mundo, codo a codo en las rutas, en todas las esquinas prohibidas y permitidas. Y más aún en el paisaje y la naturaleza puesto que él es creatura –el acto abierto al cosmos. Sin enemigos ni obstáculos posibles. ¿Su virtud? El coraje, tal como Hölderlin nos lo ha dicho en su admirable “Dichtermut”[2]
Carta del Errante, Godofredo Iommi M. • 23 de Junio, 1976
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[1]
“La vida humana debe reapasionarse, hacerse revalidar aun bajo el ángulo de lo que muy verosimilmente sólo es dado a cada uno una vez. Será tal vez necesario dejarle una latitud muy distinta. Puedan en un día próximo los cuentistas árabes de aire libre, que gozan actualmente de una audiencia desacostumbrada, crearse émulos en nuestras plazas de América, de Europa, y que por todas partes siga su curso la imaginación tan vergonzosamente canalizada. Puedan las fiestas, donde sea dado a cada uno el participar activamente, ser concebidas suficientemente amplias como para agotar periódicamente todo el poder fosfórico contenido en el hombre”. André
Breton. “Arcane 17”
.....
[2]
¿Pues, familiares, para ti, no son todos los vivientes?
¿Entonces, no te nutre, para el servicio, la Parca misma?
Tal anda, solamente, sin defensa
por la vida delante, sin cuidado.
Que todo lo que ha lugar, sea bendito para ti,
vuelto hacia la alegría, tente. ¡Qué podría, aún,
herirte, mi corazón! ¿Qué, sobrevenir,
allá, donde sabes andar?
Así como dulcemente a la orilla, o bien en plateada
ruidosa, muy lejos, ola; o bien sobre silenciosas
honduras del agua, el ligero
nadador transcurre, tal, somos nosotros también.
Nosotros, los poetas del pueblo, deseosos, donde
lo viviente en torno nuestro respira y muere,
dichosos, apegados a cada uno,
en cada uno confiados
¿cómo, cantaríamos,
sin ello, nosotros a cada uno su propio dios?
Cuando la ola - y así también - a uno de los audaces,
a la que él, fielmente, se confió, lo atrae, acariciándolo,
hacia lo hondo
y cuya la voz del que canta
ahora en el ámbito azul se calla.
En la dicha murió, y aún deploran los solitarios
sus bosques y la caída de aquel que más aman.
A menudo resuena para la virgen
desde el follaje su canción amiga.
Cuando por la tarde, uno de los nuestros pasa a lo largo
donde naufragó el hermano, mucho, sin duda, piensa
ante el lugar premonitorio.
Hace silencio y se va más munido.
Hölderlin, “Dichtermut”.....
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